Hugo Romero
To Elster sunset was a human invention, our perceptual arrangement of light and space into elements of wonder.
Don DeLillo, Point Omega.
Mi celda, mi fortaleza

“En la raíz misma del judaísmo el concepto de respuesta no existe.” Con esta cita de Gershom Scholem inicia Thomas Bösche su comentario a los Kafka-Fragmente de György Kurtag. Es la noción misma de fragmento -yuxtaposición de los fragmentos-, junto con la de comentario -concatenación infinita de los comentarios-, la que, en el marco de la tradición talmúdica, hace imposible o innecesaria la respuesta. Kurtag amontona fragmentos de los diarios y cartas de Kafka -ningún texto estrictamente literario- y los dispone para una ejecución de intensidad y austeridad difícilmente igualables.

Compuesta entre 1985 y 1986, Fragmentos de Kafka, escrita en un principio para voz y violín a la espera de una orquestación más amplia, encontró en ese formato esquemático una adecuación idónea a los textos elegidos y al estilo del autor. El virtuosismo que la partitura exige a los dos intérpretes -menos solistas que solitarios- se adecua a la prosa de Kafka que, en palabras de Heiner Müller, ofrece siempre una “abundancia de detalles sin un marco de referencia”. Aquí el marco de referencia que falta sería la orquesta respecto de la que los dos músicos podrían ser solistas y la abundancia de detalles, la complejísima composición que deben ejecutar.

La obra explicita la afinidad de carácter de Kafka y Kurtag. Éste encuentra en los textos del primero temas ya tratados en sus obras anteriores: la indefensión de los amantes y la suciedad asociada al deseo aparecen a menudo en los diarios de Kafka y en sus cartas a Milena y habían sido ya el tema central de Mensajes de la difunta Sra. R. V. Trussowa, de Kurtag, mientras que el contenido teológico y mesiánico de algunas notas kafkianas encuentra su correlato dentro de la obra de Kurtag en Las palabras de Péter Bornemisza.

En 2005 Manfred Eicher produjo para su sello ECM la primera grabación de la obra con Juliane Banse y András Keller como intérpretes. La perfección y la intensidad de la ejecución y la nitidez y profundidad del sonido, marca de la casa, convierten este disco en una de las referencias indispensables de la música contemporánea. Kafka-Fragmente es una obra difícil y exigente, verdaderamente áspera, pero adictiva una vez que se descubre su secreta dinámica.

Nota: El pasado otoño Peter Sellars creó una versión escénica para el Barbican en Londres con la soprano Dawn Upshaw. Aquí puede verse una presentación del proyecto.

El asesinato de Kennedy considerado como una de las Bellas Artes

John Fitzgerald Kennedy y su mujer Jacqueline en Dallas el día del atentado

Stephen King acaba de anunciar que publicará una nueva novela a finales de este año. Tratará del asesinato de John Fitzgerald Kennedy y su título será 11/22/63. En el libro, de más de mil páginas, Jake Epping, un profesor de Maine, viaja atrás en el tiempo para tratar de evitar el magnicidio.

King no es el primer novelista que ficciona el más célebre de los asesinatos estadounidenses. De hecho, tres de mis escritores favoritos han escrito sus particulares versiones de lo que ocurrió en Dallas el 22 de noviembre de 1963. En 1988 Don DeLillo publicó Libra, una de sus mejores novelas y un intento de narrar la vida de Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy. Esta novela inspiró a James Ellroy su monumental American Tabloid, una obra maestra absoluta publicada en 1995 y que traduce el asesinato del presidente de los Estados Unidos al lenguaje de la novela negra, el pulp y la prensa sensacionalista de la época. American Tabloid es el primer volumen de la trilogía Underworld USA, cuyos volúmenes segundo y tercero tratan también las consecuencias del atentado.

Leyendo tanto a DeLillo como a Ellroy, se entiende en seguida el potencial de fascinación del magnicidio. Ambos autores pertenecen a una tradición de la narrativa estadounidense que, partiendo de Burroughs, considera la paranoia el rasgo dominante de la psique americana del siglo XX. Las múltiples teorías conspiratorias que rodean a un atentado que finalmente fue juzgado como la obra solitaria de un perturbado han alimentado el imaginario nacional desde entonces. Sin embargo, es otro elemento que rodea al asesinato de Kennedy el que lo ha convertido en un acontecimiento clave para la ficción postmoderna. Se trata de su carácter mediático: la naturaleza de estrellas mediáticas del presidente y de su mujer y la conversión del acontecimiento en material audiovisual infinitamente reproducible y analizable. Y para esto último resulta fundamental la famosa cinta Zapruder.

Fotograma 312 de la película de Zapruder

Abraham Zapruder filmó el atentado con una cámara Zoomatic de Bell & Howell modelo 414 PD desde lo alto de un pedestal de cemento situado a poca distancia de donde pasaba la comitiva presidencia en el momento del atentado. La película de Zapruder supone el inicio de algo que culmina en YouTube y convierte el asesinato de Kennedy en el primer acontecimiento histórico filmado de forma amateur.

Sobre el carácter mediático de Kennedy y de su mujer nadie ha escrito como J. G. Ballard. En su The Atrocity Exhibition, publicado en 1969, Ballard incluye un relato titulado El asesinato de John Fitzgerald Kennedy considerado como una carrera de coches cuesta abajo y otro que elabora un Plan para el asesinato de Jacqueline Kennedy. En la edición comentada del libro, este segundo relato aparece prologado por un texto que comienza así: El paisaje mediático a día de hoy es un mapa en busca de territorio. Un volumen descomunal de imágenes sensacionales y a menudo tóxicas, buena parte de ellas ficticias, inunda nuestras mentes. ¿Cómo extraer un sentido del flujo incesante de publicidad, noticias y entretenimiento, en el que las campañas presidenciales y los viajes a la luna se presentan de un modo que los hace indistinguibles del anuncio de un dulce o desodorante nuevos? ¿Qué sucede realmente en el plano de nuestro inconsciente cuando, en un espacio de minutos y en la misma pantalla de televisión, es asesinado un presidente, una actriz hace el amor y un niño herido es rescatado de un accidente automovilístico? Enfrentados a estos acontecimientos, con emociones preempaquetadas como respuesta inmediata, tan sólo somos capaces de hilar una serie de escenarios de emergencia, del mismo modo en que nuestras mentes durante el sueño improvisan una narrativa a partir de recuerdos sin relación que atraviesan la noche cortical. En el sueño en vigilia que constituye ya nuestra realidad cotidiana las imágenes de una viuda ensangrentada, los adornos de cromo del parabrisas de una limusina y el glamour estilizado de una comitiva de vehículos se funden para proporcionarnos una segunda narrativa de significado muy distinto.

I don’t invent characters. I invite strangers. Out of my subconscious. Then cut them slack, to see what they’ll do.
William Gibson (@GreatDismal)
Fuck the exposition,” he says gleefully, as we go back into the bar. “Just *be*. The exposition can come later.” He describes a theory of television narrative. “If I can make you curious enough, there’s this thing called Google. If you’re curious about the New Orleans Indians, or ‘second-line’ musicians - you can look it up.” The Internet, he suggests, can provide its own creative freedom, releasing writers from having to overexplain, allowing history to light the characters from within.
Encuentro este texto en el blog de William Gibson. Se trata de un fragmento de una entrevista a David Simon, creador de The Wire, Generation Kill y Treme.

Este relato de Patricio está en la base de alguna de las cosas que estoy escribiendo. Gracias.

Here you have the fabulous english translation by Mara Faye Lethem for The Paris Review.