Hugo Romero
Felix culpa

Durante el año en que viví en Austria, un amigo me contagió su costumbre. Desde entonces, todos los años he procurado escuchar la Pasión según San Mateo de J. S. Bach la tarde del Jueves Santo. Es un hábito que no perdí ni siquiera durante mi periodo de ateísmo militante. En dos o tres ocasiones he sustituido la Pasión según San Mateo por la basada en el relato de San Juan y, a menudo, he completado el programa escuchando a continuación o el día siguiente otras obras sobre la muerte de Cristo: el Stabat Mater de Pergolesi, las Siete Palabras de Cristo en la Cruz de Haydn o los Membra Jesu Nostri de Buxtehude. El año pasado conocí el impresionante oratorio de Frank Martin Golgotha.

Ayer volví a escuchar la Pasión según San Mateo en el avión que me traía a casa desde París. Llevaba en em iPod una versión nueva que aún no había oído, la de Paul McCreesh y el Gabrielli Consort con Deborah York, Magdalena Kozena, Mark Padmore y Peter Harvey. McCreesh graba la obra de acuerdo con la controvertida tendencia que creara Joshua Rifkin de utilizar un cantante por parte, reduciendo al mínimo los efectivos. Esta técnica ha dado siempre resultados complejos y generalmente muy discutidos, pero en ningúna otra obra de Bach resulta tan difícil de aplicar como en esta Pasión escrita para coro doble. David Hurwitz, uno de mis críticos favoritos de música y adversario manifiesto de las grabaciones con instrumentos históricos y con conjuntos reducidos, ha definido esta grabación como “un triunfo más de la pedantería sobre el sentido musical”.

Sin embargo, la versión me ha parecido fabulosa. McCreesh acelera los tiempos (es la única versión de la obra que conozco que quepa en dos CDs) y extrae de los intérpretes una intensidad apasionante. El tono meditativo y grave de otras versiones se ve reemplazado aquí por la afirmación del mensaje de la redención y por el dramatismo del relato de los acontecimientos. La reducción del número de intérpretes permite considerar la relación entre las distitntas partes en términos de diferenciales de intensidad, de una forma específicamente barroca, casi leibniziana o spinozista. Los cuatro solistas están formidables; de un modo especial Mark Padmore, que hace uso de la inflexión cerebral y fluida de su voz para darle un carácter de enorme precisión y profundidad al evangelista.

No se trata de una versión que deba sustituir a la que cada uno tenga como favorita (la mía es la de Herreweghe con Ian Bostrigde en Harmonia Mundi), sino de una que nos permite escuchar con oídos nuevos y nueva pasión la que tal vez sea la creación más poderosa de la historia de la música occidental.

Una discografía esencial para la Semana Santa

J. S. Bach, Pasión según San Mateo, Paul McCreesh (Arkiv)

J. S. Bach, Pasión según San Mateo, Philippe Herreweghe (Harmonia Mundi)

J. S. Bach, Pasión según San Juan, Philippe Herreweghe (Harmonia Mundi)

Arvo Pärt, Passio Domini Nostri Iesu Christi Secundum Johannem, The Hilliard Ensemble (ECM)

Frank Martin, Golgotha, Daniel Reuss (Harmonia Mundi)

Dietrich Buxtehude, Membra Iesu Nostri, René Jacobs (Harmonia Mundi)