Hugo Romero
Mujeres en pleno ataque de nervios

Waltraud Meier interpreta a Clitemnestra en el montaje de Nikolaus Lenhnhoff de la Elektra de Strauss y von Hofmannsthal

Hace algunos meses escribía aquí sobre Waltraud Meier y sus papeles wagnerianos. Contra lo que podría pensarse, decía entonces -y no fueron pocas las bromas al respecto-, los personajes femeninos de Wagner no son nunca lo bastante histéricos. Sus reacciones y estallidos quedan siempre subsumidos en la narrativa general de las obras, que es siempre la del héroe masculino. Waltraud Meier, en cambio, convierte a sus mujeres en verdaderas histéricas en un gesto subversivo que las arranca del lugar que Wagner les ha asignado y pone en conflicto el discurso central de las óperas. Meier parece crear su personaje a partir de las grandes histéricas del teatro y la ópera de principios del siglo XX, de entre las que la heroína de Erwartung de Schoenberg y los personajes de la Elektra de Strauss son el paradigma.

Fotografías de una paciente histérica en estado de hipnosis tomadas por D.M. Bourneville y P. Régnard en 1880

Anoche vi el brutal montaje de la Elektra de Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal realizado por Nikolaus Lehnhoff para el Festival de Salzburgo el año pasado. Tanto desde el punto de vista musical como desde el teatral se trata, sin duda, de la versión definitiva de la obra. Daniele Gatti hace sonar a la Filármonica de Viena de forma absolutamente aterradora, con una nitidez y una grandeza que prácticamente sólo esta orquesta es capaz de dar. Gatti sabe que Strauss nunca sonará como Schoenberg, pero que en ciertos momentos los mundos de ambos compositores se rozan y exploran el mismo abismo.

Irene Theorin es una Electra emocionante, profundamente humana. Nunca ha sido tan evidente el proceso por el que una pulsión -la sed de venganza- ha devorado toda la humanidad de una mujer que un día tuvo que ser joven y alegre. Eva-Maria Westbroeck nos ofrece la mejor Crisotemis de la historia de la ópera: una joven que sencillamente no puede creer la pesadilla en la que vive. La Clitemnestra de Waltraud Meier es un personaje tan rico en matices como Electra: no hay nada en este montaje ni en la formidable interpretación de Meier de la caricatura que es habitual en las versiones habituales de la opera. Cada uno de los encuentros entre las tres mujeres nos obliga a reconsiderar nuestra idea habitual de los personajes.

Orestes y el cadáver de Clitemnestra al final de Elektra

La escenografía es tan impactante como efectiva, con uno de los finales más estremecedores que nunca haya visto, no sólo por la imagen del cadáver de Clitemnestra, sino, sobre todo, por la terrorífica aparición final de las Erinias. Minutos antes, Lehnhoff nos ha ahorrado la habitual danza de Electra y la vemos simplemente dar tumbos eufórica y alucinada ante el cadáver de su madre y la figura erguida del hermano vengador hasta caer muerta como un pelele inerte cuando la furia vengadora, una vez cumplida, la abandona. Ni el texto de Hofmannsthal ni el montaje de Lehnhoff ofrecen lugar para la catarsis. El mundo de Sófocles no es ni la Viena de principios de siglo ni el nuestro y la tragedia que nos toca es abrupta en su final y pegajosa.

Waltraud Meier

La grandeza de las interpretaciones que Waltraud Meier hace de las heroínas wagnerianas -Venus, Sieglinde, Isolda y, sobre todo, Kundry- reside en que es capaz de hacer de ellas mujeres mucho más histéricas de lo que Wagner nunca pensó, arrancándolas así del lugar y función que el compositor les asigna en sus óperas y convirtiéndolas en la avanzadilla de toda una serie de histéricas de la historia del arte de inicios del siglo XX -Strindberg, Kafka, Munch y, en la ópera, las Salomé y Clitemnestra de Strauss y la heroína del Erwartung de Schoenberg-, mujeres que son, en obras creadas por hombres, el lugar donde estalla la radical imposibilidad de relación entre los dos sexos.