Hugo Romero

El domingo a esta hora estaré en el Musikverein de Viena escuchando a la Wiener Symphoniker Orchester dirigida por Ingo Metzmacher. En el programa, Requiem, de Toru Takemitsu, y la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler.

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“Complicidad con la muerte, amable urbanidad con el propio extinguirse” son, para Adorno, las características esenciales de la música de Alban Berg, que nació en Viena el 9 de febrero de 1885. Berg convirtió su solidaridad con la música de Mahler en una tormenta revolucionaria que abrió las puertas de la gran música orquestal del futuro y aprovechó la rendija que deja abierta la Salome de Strauss al cantar espantada Ach! Ich habe deinem Mund geküsst para perpetuar la posibilidad de la ópera en el siglo XX. Felicidades, Alban Berg.