
A mediados del siglo XVI llega a España desde América Central -un tal Fernando Guzmán Mejía la menciona en 1538 durante un viaje por Panamá- y, a pesar de su prohibición aquí por obscena, la zarabanda se difunde por toda Europa, empezando a aparecer en las obras de numerosos compositores. Bach incluye una en cada una de sus seis suites para cello, una obra que permaneció perdida hasta 1925, cuando Pau Casals, que había descubierto las partituras en una librería de viejo de su ciudad veinte años antes, la interpreta en público y graba por primera vez. Ingmar Bergman utiliza la zarabanda de la quinta suite en la banda sonora de la escalofriante Gritos y susurros (1972) y en 2003 titula Zarabanda su última película y la pieza pesa omnipresente durante la hora y media larga que dura. Hoy, con todo ese camino recorrido, me acompaña en mi llegada a casa.