Hugo Romero

La voz de Christian Gerhaher ha irrumpido de lleno en el romance que mantengo desde hace unos meses con las grabaciones de los ciclos de lieder de Schubert y Schumann de Mark Padmore para Harmonia Mundi, como queriendo confirmar lo inútil de cualquier pretensión de exclusividad. En realidad, conocí a Gerhaher hace un par de años, gracias al que entonces consideré el mejor disco de 2009: la edición que ECM hizo de Notturno, el ciclo de canciones para barítono y cuarteto de cuerda de Othmar Schoeck. Me impresionó entonces la oscuridad y el rigor de su voz, pero en aquel momento terminó pasándoseme el proyecto de profundizar en las demás grabaciones del cantante.

Tan sólo un mes después del Notturno, en octubre de 2009, apareció el disco que ha hecho que me enamore de Christian Gerhaher: una selección de canciones de Gustav Mahler grabadas en las versiones para voz y piano con el acompañamiento de su pianista habitual, Gerold Huber. Gerhaher ha vuelto recientemente a Mahler en el disco que cierra la integral del autor bajo la dirección de Pierre Boulez, Des knaben Wunderhorn. Pero desde hace cinco años ha ido grabando junto con Huber los grandes ciclos de Schubert y Schumann para el sello RCA Red Seal y ahora para Sony.

La voz de Gerhaher es rica en textura y su lealtad al texto y su franqueza resultan emocionantes. Sus interpretaciones son al mismo tiempo desoladas y contenidas, oscuras pero nunca quejumbrosas. Alejado siempre de cualquier amaneramiento, se dirige siempre al núcleo emocional de la canción, con un rigor y una honradez que no tienen igual en la escena musical contemporánea.

Es posible ver en la red algunas interpretaciones suyas formidables: una versión del An die ferne Geliebte de Beethoven, los Lieder eines fahrenden Gesellen de Mahler en vivo en los Proms de 2010 y el Deutsches Requiem de Brahms.