Hugo Romero
Lo mejor de 2011 (I. Música clásica)

1. El final del año de Mahler. Este año se celebraba el centenario de la muerte de Gustav Mahler, compositor favorito de este tumblr. Son muchísimos los discos que se han editado aprovechando la efeméride, muchos buenos, algunos terribles y tres destinados a formar parte de cualquier discografía mahleriana que se quiera esencial:

- Gustav Mahler. Symphonie No. 3. Mihoko Fujimura, Jonathan Nott, Bamberger Symphoniker. Jonathan nott sigue con su rigurosísimo ciclo de las sinfonías de Mahler y graba una tercera que sabe evitar todos los gestos excesivos sin perder nada de potencia.

- Gustav Mahler. Symphony No. 9. Claudio Abbado, Lucerne Festival Orchestra (DVD). El viejo Abbado sigue grabando una y otra vez las obras de Mahler. Conocí al compositor gracias a su primer ciclo para la Deutsche Gramophone y por eso siempre le tendré especial cariño. Sin embargo, a medida que pasan los años, sus versiones de las sinfonías y de los lieder mahlerianos han ido dejando paso en mi discoteca ideal a otras más afiladas. Sin embargo, esta grabación en DVD de la Novena Sinfonía me parece una de las mejores jamás registradas y una auténtica lección magistral de Abbado.

- Mahler 8. Riccardo Chailly, Gewandhausorchester Leipzig (DVD). El ciclo de las sinfonías de Mahler que Chailly grabara con la Orquesta del Concergebouw de Amsterdam es uno de mis favoritos y su Octava, la que llevo actualmente en mi iPod. Sin embargo, esta versión en DVD es aún mejor: excelente desde todos los puntos de vista y con el toque operístico que Chailly ha querido darle siempre a esta obra.

2. Las mejores grabaciones de obras clásicas

- Johannes Brahms. Werke für Chor und Orchester. Anna Hallenberg, Philippe Herreweghe, Collegium Vocale Gent, Orchestre des Champs-Elysées. El nuevo sello de Philippe Herreweghe comenzó con una decepción parcial (su Cuarta de Mahler) y con un partido jugado en casa y ganado por goleada (los Motetes de Bach). Sin embargo, la verdadera sorpresa ha sido esta antología de obras corales de Brahms publicada a finales de año. Herreweghe lleva las obras de Brahms a un ámbito de solemnidad al mismo tiempo que las acerca, las considera algo vivo y no monumentos de granito. Imprescindible.

- Ludwig van Beethoven, The Symphonies. Riccardo Chailly, Gewandhausorchester Leipzig. El resultado de la estancia de Chailly en Leipzig es cada vez más deslumbrante. En pocos años ha añadido a mi discoteca ideal versiones inmejorables de los conciertos para piano de Brahms, del Oratorio de Navidad de Bach y de las sinfonías de Mahler en DVD. La grabación de la integral de las sinfonías de Beethoven -y de un buen puñado de oberturas- con la orquesta que las interpretara como un ciclo por primera vez es un nuevo hallazgo. Versiones frenéticas y enérgicas que, a ratos, generan casi una extraña ansiedad y que siempre fascinan. Posiblemente pocas de estas versiones terminen en mi iPod dentro de años como eso que llaman “versión de referencia”, pero por unos meses se han convertido en algo absolutamente adictivo.

- Franz Schubert, Schwangesang. Mark Padmore, Paul Lewis. Del mismo modo que entre los mejores discos de 2009 estaba la deslumbrante grabación que Mark Padmore hizo del Winterreise de Schubert acompañado por Paul Lewis y que en 2010 sucedió lo mismo con la de Die schöne Müllerin, ahora Schwangesang cierra la serie de ciclos de lieder del autor entre lo mejor del año.

- Richard Strauss, Poesie. Diana Damrau, Christian Thielemann, Müncher Philarmoniker. El mejor recital de lieder de Strauss desde el de Soile Isokoski. Christian Thielemann es el director orquesto para la suntuosidad nítida del compositor austriaco y la Damrau se está convirtiendo en la intérprete straussiana de nuestra época. Absolutamente delicioso.

- Mozart, Keyboard Music, Vol. 2. Kristian Bezuidenhout. Como sucediera con el primer volumen, este disco consagra a Bezuidenhout como uno de los grandes especialistas en fortepiano actuales, a la altura de Brautigan.

3. Música contemporánea

- Donnacha Dennehy, Grá agus Bás. Dawn Upshaw, Iarla O Lioniard, Ian Pierson, Crash Ensemble. Descubrí este disco en MacAlister Matheson, mi tienda de discos favorita de Edimburgo, y desde entonces no he dejado de escucharlo. La primera composición Grá agus Bás es de una fuerza impactante y mezcla elementos minimalistas con cantos tradicionales del folclore irlandés. El ciclo de canciones que canta Dawn Upshaw un poco marypoppianamente está basado en poemas de Yeats y es absolutamente delicioso.

- Quator Diotima, American Music. Acabo de escribir en un post anterior sobre este formidable disco, una historia de los Estados Unidos en tres cuartetos.

4. Ópera en DVD. Dos maravillas absolutas en DVD han sido visión recurrente en casa durante este año:

- Richard Strauss, Elektra. Irene Theorin, Waltraud Meier, Eva-Maria Westbroek, Daniele Gatti, Nikolaus Lehnhoff, Wiener Philarmoniker. Una versión inmejorable desde el punto de vista musical con la impactante puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff, cuyas adaptaciones de Wagner estaban ya entre mis favoritas.

- Jean Baptiste Lully, Atys. William Christie, Jean-Marie Villégier, Les Arts Florissants. William Christie sigue descubiréndome la ópera barroca francesa con esta versión fascinante de la que fue llamada “la ópera del rey” por lo mucho que gustaba a Luis XIV.

Lo mejor de 2011 (I. Folk, rock, pop, hip hop)

Durante este año le he hecho mucho menos caso a la música popular que a la clásica. Y ahora, al visitar las webs con listas de lo mejor de 2011, me encuentro con discos de músicos que conozco -y que a veces incluso me gustan- de los que no tenía ni idea que hubiesen publicado algo y con una enorme cantidad de artistas que ocupan los primeros puestos de todas las clasificaciones de los que no he oído hablar en mi vida. Por eso, esta lista es necesariamente limitada y se ciñe a lo que he escuchado repetidamente durante el año que acaba.

- Gillian Welch, The Harrow and the Harvest. Abrir el disco de una de tus artistas favoritas cuando lleva ocho años de (relativo) silencio es un gesto arriesgado: el temor a la decepción parece más fuerte que la esperanza del reencuentro. Sin embargo, The Harrow and the Harvest se revela desde su primera canción no sólo como ese reencuentro con todo lo que nos gusta de su autora, ni como el habitual “su mejor disco desde…”, sino sencillamente como uno de los mejores puñados de canciones de la historia del folk estadounidense, una de esas obras maestras de absoluta atemporalidad (y con atemporalidad me refiero, sí, a esa sensación de que podrías estar escuchando algo escrito hace décadas, pero sólo a condición de que sea también la certeza de escuchar algo totalmente moderno). Un disco que sé que seguiré escuchando cuando no me acuerde del nombre de la mayoría de los grupos que copan las listas de la prensa especializada.

- PJ Harvey, Let England Shake. El disco favorito de la prensa británica este año es también uno de los míos. Una visión llena de verdadera poesía y de fuerza a la naturaleza bélica del imperio británico en la que PJ Harvey ejerce de Casandra nacional y hace resonar las batallas de Iraq y Afganistán en las cartas de los soldados que murieron en Gallipoli. Un disco absoluto que, a principios del año próximo aparecerá en forma de DVD con los videoclips que Seamus Murphy ha dirigido para cada una de las canciones.

- St. Vincent, Strange Mercy. El tercer disco de Annie clark tiene todas las virtudes de los dos anteriores corregidas y aumentadas. Un disco divertidísimo que explora temas oscuros y que a ratos me ha recordado a los mejores relatos de A. M. Homes y DFW, a las fotografías de Gregory Crewdson y al cine de Paul Thomas Anderson: Cruel, el primer vídeo del disco, da una buena idea de lo que hablo (y, al rededor del 1’25” tiene el minosolo de guitarra más maravilloso y absurdo del año).

Pero, para mi felicidad (y espero que la vuestra), Strange Mercy no es todo lo que Annie Clark ha publicado este año. También están mis siete minutos favoritos de música de todo 2011: Proven Badlands, la pieza que ha compuesto para el delicioso disco de yMusic, Beautiful Mechanical. El álbum, una recopilación de piezas de cámara a caballo entre la composición clásica y la estética indie es necesariamente irregular, pero la presencia de la pieza de Annie Clark basta para elevarlo a esta lista.

- Bon Iver, Bon Iver. El primer disco de Bon Iver era algo tan perfecto -no sólo la música y ni siquiera principalmente la música, sino, sobre todo, la historia o la leyenda que lo acompañaba- que siempre pensé que no habría un segundo. O que si lo había sería absolutamente otra cosa. Algo así tiene que haber pensado Justin Vernon cuando ha titulado su nuevo disco con su nombre artístico, como si fuese una especie de debut. He tardado en econtrarle el punto a un disco que desde la primera vez que lo oí me pareció excelente, pero que no terminaba de encontrar un hueco en mis escuchas. Ha hecho falta que llegaran las mañanas frías de sol débil de invierno para las que parece escrito para descubrir su potencial adictivo.

- Radiohead, King of Limbs. El nuevo disco de Radiohead ha supuesto mi regreso a un grupo que estuvo entre mis favoritos hace más de una década. Desde Amnesiac había dejado de escucharles, no necesariamente porque sus discos fueran peores -aunque tengo la impresión de que lo eran-, sino sobre todo porque yo estaba en otras cosas. (La versión musical del clásico “No eres tú, soy yo”.) En que tuviese de repente ganas de escuchar un nuevo disco de Radiohead tuvo bastante que ver el texto de Alex Ross en su libro Listen to This y un videoclip que recorría con equilibrio admirable la delgada línea entre el ridículo y lo sublime. Al final, The King of Limbs se ha convertido en uno de los discos que más he escuchado este año con su mezcla de dubstep, jazz y pop adecuándose perfectamente al ritmo de mi paso por las ciudades.

- The Roots, Undun. El último de los grandes discos del año. Un nuevo discazo de los Roots guiado por una pulsión narrativa que atrapa tanto como los incisivos arreglos de ?uestlove. Tal vez la incapacidad para engancharme a lo que hace Kanye West más allá de los quince minutos sea un problema mío, pero en mi iPod el disco de hip hop del año es sin duda éste.

Hay algunos discos que he oído bastante en 2011 y que, de haber ido evolucionando mis gustos por otros derroteros, estarían seguro en esta lista. El Kapputt de Destroyer me parece un disco estupendo al que, de algún modo, le falta algo de empaque y le sobra mimetismo impostado. Apocalypse de Bill Callahan y Ashes and Fire de Ryan Adams son los mejores discos de en mucho tiempo de dos de mis cantautores favoritos. Ojalá hubiera estado este año más de humor para su trabajo. No conozco el disco del que ha salido Yonkers, de Tyler, pero ha sido también una de las canciones de 2011.

Estoy empezando a escuchar aún 50 Words for Snow, de Kate Bush. Seguramente si corrijo esta lista en dos semanas tendré que incluirlo entre lo mejor del año.