Hugo Romero
Mahler: una lista

[Hace algunos meses publiqué una versión previa de este post que contiene mis grabaciones favoritas de las obras de Mahler. Aprovechando el centenario de su muerte, vuelvo a publicarlo corregido y aumentado]

Es ya un tópico decirlo: pocos compositores dejaron una obra tan abierta a la interpretación como Gustav Mahler. Sus sinfonías y canciones cambian de una grabación a otra de un modo que es difícil encontrar en cualquier otro autor de la música clásica. El célebre Adagietto de su Quinta Sinfonía varía entre los siete y los trece minutos de duración en distintas interpretaciones, todas ellas rigurosas y fieles a la partitura. Casi el doble de duración sin salirse de la norma. Leonard Bernstein, el más conocido de los intérpretes de Mahler y uno de los principales responsables de su difusión, sostuvo que no se puede exagerar al interpretar las sinfonías de Mahler, y aunque haya quienes pensemos pensemos que algunas de sus grabaciones son el mejor ejemplo que que estaba equivocado, existen amantes de la música de Mahler que siguen considerándolo el director mahleriano por antonomasia.

Al mismo tiempo, el universo que la música de Mahler expresa es tan amplio que resulta difícil que un mismo director y una misma orquesta sean capaces de abarcarlo entero. Los dos discípulos de Mahler que comenzaron a grabar y defender su obra en los años que siguieron a su muerte, Bruno Walter y Otto Klemperer, admitieron no entender la Sexta Sinfonía y jamás la grabaron. Esta actitud contrasta con la proliferación de ciclos completos aparecidos en las últimas décadas, que, aparte de una cierta inmodestia, parecen indicar que “el tiempo” de Mahler finalmente ha llegado. Poco a poco, sus sinfonías han reemplazado a las de Beethoven como núcleo interpretativo de los programas de las principales orquestas del mundo.

Por estas dos razones, han proliferado en la web listas de grabaciones favoritas de las obras de Mahler. La más famosa de todas ellas, sin duda, la del crítico musical del New Yorker, Alex Ross. Sabiendo como él que se trata fundamentalmente de una cuestión de gustos, ofrezco aquí la mía. He procurado con escaso éxito -bueno, en realidad, no- reducir mi selección a una obra por composición: del mismo modo que es imposible que un director entienda con acierto toda la obra del compositor, también lo es que una sola interpretación agote todas las posibilidades de cada una de ellas. Para quienes, en lugar de una antología, quieran un estudio comparativo de cada una de las piezas, recomiendo los completísimos estudios de Jens F. Laurson y Tony Duggan.

Mahler dirige la Novena Sinfonía de Beethoven

Sinfonía No. 1. Rafael Kubelik y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Kubelik fue uno de los intérpretes fundamentales de Mahler y el primero en grabar el ciclo completo de sus sinfonías. Su tendencia a remarcar los aspectos folclóricos y su sensibilidad para la interpretación de la música centroeuropea del cambio de siglo hacen que, a pesar de haber grabado de modo formidable de la mayor parte de la producción mahleriana, suela preferírsele como intérprete de sus primeras obras, las llamadas sinfonías del Wunderhorn. En ninguna es capaz de captar todos los matices de la partitura como en esta primera. Si bien la versión clásica es la que grabara para la Deutsche Gramophon en 1967 -la que aparece en la caja que contiene la integral-, últimamente prefiero, por la calidad del sonido, la versión en directo registrada en los años 70 y editada por el sello Audite. Para quien quiera una segunda versión de contraste, la de Pierre Boulez con la Filarmónica de Viena, editada por la Deutsche Gramophon puede resultar perfecta. Boulez enfatiza menos los elementos folclóricos de la sinfonía y subraya los que apuntan hacia las obras siguientes de Mahler. Las interpretaciones de Bruno Walter y Mitropoulos en Sony me parecen también imprescindibles. David Zinman con la orquesta del Tonhalle de Zürich ha grabado una versión preciosa que tiene, como extra, la mejor versión de Blumine, el movimiento que fue descartado por Mahler para la edición definitiva de la obra.

Sinfonía No. 2. Durante años mi grabación favorita de esta sinfonía fue la que Otto Klemperer realizara en 1962 con la Philarmonia Orchestra y que la EMI ha reeditado en su ciclo Great Recordings of the Century. Sigue pareciéndome fundamental. Sin embargo, la versión que más escucho desde hace algún tiempo es la que grabara también Michael Gielen para el sello Hänssler con la Filarmónica de Baden Baden y Friburgo. La versión de Bruno Walter -grabada en 1958 con la Filarmónica de Nueva York y editada en Sony- tiene además la ventaja de haber sido reeditada junto con su versión de la Primera y a muy buen precio. Tampoco se equivoca quien elija la versión de Boulez en DG.

Sinfonía No. 3.  Mi primer contacto con la Tercera Sinfonía -que me obsesiona como pocas obras de su autor- fue en la grabación de Claudio Abbado con la Filarmónica de Viena, aunque la que tengo actualmente en mi iPod es la que él mismo hizo para la Deutsche Gramophon en 1999 con la Filarmónica de Berlín, con la intervención formidable de Anna Larsson. La versión de Rafael Kubelik con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (Deutsche Gramophon y Audite) me gusta tanto como las de Abbado. De entre las más modernas, las versiones de Ricardo Chailly y Pierre Boulez son verdaderamente estupendas.

Sinfonía No. 4. La Cuarta Sinfonía es la primera que escuché de Mahler. Fue en la primera versión que grabara Abbado para la Deutsche Gramophon con la Filarmónica de Chicago y Frederica von Stade como solista. Sin embargo, la grabación en 2009 de una nueva versión en la que Ivan Fischer dirige su Orquesta del Festival de Budapest (Channel Classics) ha desbancado a todas las anteriores. Es impresionante la nitidez de esta interpretación, su talento para combinar todo lo que requiera esta sinfonía aparentemente sencilla pero complejísima en espíritu: una mezcla peculiar de sabiduría cosmopolita y deseo de sencillez rural, de ironía, belleza y desolación. Tal vez, la única versión de la sinfonía que siento que puede rivalizar con la de Fischer es la de Ricardo Chailly y la Orquesta del Concertgebouw. El último movimiento, con la soprano Barbara Bonney, es insuperable. Zinman en su ciclo mahleriano ha grabado la versión más bella del adagio.

Sinfonía No. 5. Sir John Barbirolli con la New Philarmonia Orchestra (Great Recordings of the Century, EMI). La de Barbirolli es, sin duda, mi versión favorita de la sinfonía que más he escuchado de Mahler. Controvertida como suele serlo siempre el Mahler de Barbirolli, esta grabación tiene un aire británico que me entusiasma con un primer movimiento, la Marcha Fúnebre, con aire de funeral de Estado recorriendo Whitehall y un final distendido y alegre como un paseo por Hyde Park un domingo de sol. Sin embargo, la grabación de Boulez con la Filarmónica de Viena para la Deutsche Gramophon no tiene nada que envidiarle y es, sin duda, más rigurosa. Ricardo Chailly ha grabado con la Orquesta del Concertgebouw una versión esplendorosa y de un sonido inmejorable. Está claro que mi Mahler no es el de Leonard Bernstein. Sin embargo, su grabación de la Quinta con la Filarmónica de Viena (Deutsche Gramophon) es apoteósica; excesiva como es  puede, no sustituir, pero sí complementar a cualquiera de las anteriores.

Sinfonía No. 6. Pierre Boulez dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Viena (Deutsche Gramophon). A cualquiera de los muchos que sostienen que Boulez es gélido e incapaz de llegar al núcleo de la música de Mahler habría que obligarle a escuchar esta interpretación apasionante de la Sexta Sinfonía, la llamada Trágica. Intensa y rigurosa al mismo tiempo. La versión de Sir John Barbirolli y la New Philarmonia Orchestra (EMI) es una de las más oscuras y apasionantes que existen.Barbirolli parece evidenciar que lo que está en juego es un asunto de vida o muerte. Michael Gielen ha logrado con su versión de la Sexta uno de los momentos cumbre de una de las integrales más consistentes grabadas en los últimos años e Ivan Fischer dirige a su Orquesta del Festival de Budapest en una versión muy distinta a todas las anteriores, que parece optar por la belleza antes que por la oscuridad.

Sinfonía No. 7. Para la obra que peor conozco de Mahler me quedo con la versión de Claudio Abbado y la Sinfónica de Chicago, editada en Deutsche Gramophon. . La versión de Leomard Bernstein y la Sinfónica de Nueva York en Sony, realizada en 1966, está en las antípodas de la de Abbado y me gusta tanto como ella. Una versión maravillosa de estasinfonía es la de Kyrill Kondrashin dirigiendo en vivo a la Orquesta de Concertgebouw, reeditada recientemente en el sello Tahra.

Sinfonía No. 8. La grabación de la Octava Sinfonía de Claudio Abbado con la Orquesta Filarmónica de Berlín, editada en Deutsche Gramophon, fue mi introduccuón a la obra -y junto con la Cuarta del mismo director a todo Mahler- y sigue siendo la versión a la que más recurro. La más demencial de las sinfonías de Mahler -nacida entera de una interpretación delirante, errónea y fertilísima del oratorio barroco alemán- encuentra en la versión de Abbado un equilibrio y una pasión por el detalle deslumbrantes. La versión de Antoni Wit con la Filármonica de Varsovia (editada en el sello low cost Naxos) no tiene nada que envidiar a la de Abbado. Ambas me parecen muy superiores a la versión más conocida, la de Solti, excesivamente atronadora y efectista, uno de los discos más sobrevalorados que conozco.

Sinfonía No. 9. La Sinfonía Novena es una de las más complejas de Mahler y a mí me resulta la más fascinante. La versión de Sir John Barbirolli con la Filarmónica de Berlín -grabada en 1962 y editada por EMI- me parece una de las cumbres de la discografía mahleriana. Sin embargo, mi favorita es, sin duda, la versión de Karel Ancerl con la filarmónica Checa, editada en Supraphon. Tampoco podría prescindir de la versión que Sir Simon Rattle grabó en 2007 con la Filarmónica de Berlíny que ha editado EMI. La grabación de Bruno Walter en Viena en 1938, semanas antes de que los nazis se hicieran con el país y la Sinfónica de Viena expulsara de su personal y de su repertorio a los músicos judíos, es uno de los testimonios sonoros más estremecedores del siglo. Michael Gielen y la Orquesta de Baden Baden y Friburgo tienen otra de las versiones fundamentales.

Sinfonía No. 10. Para la sinfonía que Mahler dejara inacabada elijo la grabación de la “versión para interpretación” de Derryck Cooke realizada por Ricardo Chailly con la RSO de Berlín (Decca) y la de Michael Gielen (Hänssler), sin duda la más oscura y moderna. La versión Sir Simon Rattle con la Filarmónica de Berlín (EMI) es una opción también excelente y más mainstream.

La Canción de la Tierra. Si siempre es apasionante comparar las grabaciones de Klemperer y Walter de una misma obra de Mahler cuando es posible, en el caso de su “sinfonía en canciones” lo es mucho más. Sus versiones son ambas absolutamente imprescindibles. La mejor grabación de Das Lied von der Erde suele considerarse la de Otto Klemperer, con Fritz Wunderlich, Christa Ludwig y la New Philarmonia Orchestra (Great Recordings of the Century, EMI). Sin embargo, yo sería incapaz de prescindir de la versión de Walter con Julius Patzak, Kathleen Ferrier y la Filarmónica de Viena, grabada en 1952 y editada por Decca. Casi todo está a favor de la versión de Klemperer: el estéreo, Fritz Wunderlich… Sin embargo, la versión que Kathleen Ferrier, meses antes de su muerte, hace de Der Abschied, la última canción del ciclo, me parece sencillamente la música más bella que jamás haya sido grabada. De todos modos, mi versión favorita es una que se ha echado en falta durante décadas y que sólo recientemente ha editado de forma oficial el sello Audite: la versión en directo grabada por Rafael Kubelik con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera y Waldemar Kmentt y Janet Baker como solistas.

Ciclos de canciones. Mi grabación favorita de varios ciclos de canciones de Mahler es la realizada por Sir John Barbirolli con Dame Janet Baker editada por EMI en su serie Great Recordings of the Century. La versión de los Lieder eines fahrendes Gesellen es la mejor grabada por una voz femenina y lo mismo ocurre con los Rückert-Lieder. Sin embargo, como sucedía con Das Lied von der Erde, no podría prescindir de la versión de los Kindertotenlieder de Bruno Walter y Kathleen Ferrier. Para el ciclo Des Knaben Wunderhorn me quedo con el de Pierre Boulez con Christian Gerhaher y Magdalena Kozena y la Orquesta de Cleveland (Deutsche Gramophon), aunque también me gusta la versión de Claudio Abbado y la Filarmónica de Berlín, con Anne Sophie von Otter y Thomas Quasthoff (Deutsche Gramophon, 1999) y la de Ricardo Chailly con la Orquesta Real del Concertgebouw, Barbara Bonney, Sara Fulgoni, Gösta Winbergh y Matthias Goerne (Decca). Mi versión favorita de los Lieder eine fahrendes Gesellen para voz masculina es la que aparece en el disco que recoge varios ciclos con Thomas Quasthoff, Violeta Urmana y Anne Sophie von Otter y la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Pierre Boulez (Deutsche Gramophon). Un disco de canciones de Mahler que me apasiona es el de Christian Gerhaher con Gerold Huber como pianista (Lieder, RCA).

Alma Mahler y Otto Klemperer

Estas son mis grabaciones favoritas de la obra de Mahler. Espero que sirvan tanto a quien empieza a descubrirlo y quiere hacerse con una discografía básica como a quien quiere profundizar a partir de la que ya tiene.

Aquí van, a modo de despedida, algunas consideraciones generales que se me ocurren a partir de la lista:

- El Tercer Movimiento de la Primera Sinfonía -la famosa marcha fúnebre construida a partir del Frere Jacques- es una buena prueba para cualquier intérprete de Mahler. Cualquier tendencia a embellecerlo o a mitigar la forma en que utiliza lo vulgar para expresar lo trágico indica la incapacidad del intérprete para enfrentarse a la complejidad su obra. En efecto, embellecer a Mahler es una de las razones fundamentales que llevan al fracaso de una grabación. Curiosamente, y a pesar de lo evidente que resulta esto, hay muchos directores y orquestas que siguen siendo incapaces de no hacerlo.

- Siempre que sea posible -y especialmente en la Segunda y Novena Sinfonías y en La Canción de la Tierra- comparar las versiones de Klemperer y Walter es útil y divertido. La diferencia entre los dos discípulos de Mahler quedó fijada en la distinción que, medio en broma, hiciera el propio Klemperer: “Walter es un moralista y yo, un inmoralista”. Sin embargo, y al contrario que muchos críticos, creo que la calidad de las versiones de Mahler ha mejorado sensiblemente en las últimas décadas, desbancando a las versiones históricas. La mayor parte de mis versiones favoritas de la obra de Mahler se han grabado en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI.

- Ningún director tiene la última palabra sobre Mahler y descubro, según la obra y el momento, que me gustan enfoques muy distintos. Pero, sin duda, Pierre Boulez, Ricardo Chailly, Michael Gielen, Sir John Barbirolli, Sir Simon Rattle, Claudio Abbado y Rafael Kubelik son -aparte de Walter y Klemperer- a los que más recurro.

- Si los anteriores son mis directores favoritos a la hora de interpretar a Mahler, no cabe duda de que también existen una serie de orquestas especialmente mahlerianas. Ninguna como la del Concertgebouw de Amsterdam. Casi cualquier grabación de la orquesta del mundo que lleva mas tiempo dedicada a la interpretación de las obras de Mahler es convincente. Los ciclos grabados por la orquesta con Bernard Haitink, sobre todo el grabado en directo en una serie de conciertos de Navidad, son paradigmáticos de ello. Haitink dirige un Mahler siempre convincente aunque falto de cierta personalidad. El ciclo que la orquesta grabó bajo la dirección de Ricardo Chailly es uno de mis favoritos, tal vez el que elegiría si me viera obligado a quedarme con la totalidad de Mahler en la versión de un solo director.

- De Barbirolli -un intérprete, me consta, muy polémico- atrae su manera de entender lo que es una interpretación apasionada. Si la pasión suele concebirse como algo que temrina con cualquier posibilidad de rigor -y, a menudo, eso es lo que siento que sucede en Bernstein, donde la obra corre el riesgo todo el tiempo de ahogarse en sí misma-,  en el caso de Barbirolli ocurre todo lo contrario. Es la pasión de la pieza y por la pieza la que lleva en todo momento a mantener una forma peculiar de exactitud, febril pero lúcida. Reconozco, eso sí, que en algunas grabaciones suyas, sobre todo en directo, esa pasión lleva a resultados desastrosos.

- El caso de Boulez como director Mahler es un ejemplo perfecto del funcionamiento de los prejuicios. Se ha insistido tanto en la frialdad de Boulez, en su falta de sentimientos y empatía, en su gelidez cerebral, que parece el candidato idóneo para encarnar al próximo villano de una película de James Bond. Sin embargo, en lo mejor de su ciclo, Mahler aparece igual de apasionante que en las versiones de cualquier otro de los grandes, al mismo tiempo que vemos en él al maestro que está abriendo el camino para la mejor música del siglo XX.

- Ivan Fischer, con su Orquesta del Festival de Budapest, es el más reciente de los añadidos a la lista de los directores mahlerianos. Su Cuarta es deslumbrante, pero también me han impresionado sus grabaciones de la Segunda y la Sexta.