Hugo Romero
17 de mayo

Mahler pasa ahora la mayor parte del tiempo dormido. Se despierta sólo para recibir a las visitas y para comer lo poco que aún consigue comer. El 17 de mayo, las enfermeras le sirvieron sopa, café helado y más caviar. Y como la tienda de oxígeno en la que había sido instalado días antes ha dejado de ser efectiva, tiene que inyectársele oxígeno para ayudarle a respirar. Aunque Mahler no tosía, el edema pulmonar se estaba agrandando.

Los amigos de Mahler siguieron acudiendo a Marianengasse. Entre ellos, el Obersthofmeister Fürst Montenuovo. Responsable de los teatros imperiales, había jugado un papel clave en el nombramiento de Mahler como director de la Hofoper en 1897. Por aquel entonces, Mahler había llevado a la ópera a una magnífica soprano wagneriana llamada Anna von Mildenburg. La pareja tuvo una relación breve pero intensa que le hizo a Anna ganarse la antipatía duradera de Alma. Aún así, la soprano visitó a su antiguo amante el 17 de mayo. Al final del día, Chvostek pasó a estudiar el estado de Mahler, que encontró sin grandes variantes y auguró una noche tranquila.

[Traducción del relato de Entartete Musik]

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