15 de mayo

Mahler dormitó la mayor parte del día, hasta la llegada de su viejo amigo Arnold Berliner arrived. Era él quien había descrito la recepción del estreno de la Primera Sinfonía en Budapest en 1889 como “una mezcla de rechazo furioso y aplausos entusiasmados”, un resumen que se adecua a la mayoría de las interpretaciones de las obras de Mahler a lo largo de toda su vida. La llegada de Berliner supuso una nueva recaída.
Con la infeción avanzando a ritmo galopante -Mahler la llamaba “die lieben Thierchen” (las queridas bestezuelas)- y el dolor en aumento, a Mahler no puede haberle cabido duda de que el final se acercaba. Anna visitó una vez más a su padre, que le dijo “Sé una niña buena, pequeña mía”.