Hugo Romero
14 de mayo

Mientras la prensa local competía por ver quién alababa a Mahler con mayor entusiasmo, Karl Kraus, el mejor ironista de la ciudad, respondía a su falsedad: “Ahora que Gustav Mahler ha regresado a su ciudad, todas las calles y plazas lo saludan como si fuera un viejo amigo”. Kraus tenía razón. Los mismos periodistas que lo habían obligado a marcharse de la Hofoper, lo alababan ahora como si se tratara del regreso de un conquistador heroico.

Pero la mañana del 14 de mayo, Mahler estaba lejos de parecer un héroe. tras otra noche terrible, la infección había pasado a sus pulmones. El empeoramiento de la enfermedad comenzaba a hacerle delirar: no reconoció a su propia hermana cuando llegó a visitarle. Su cama fue trasladada a la galería y se le administraba morfina y digitales con regularidad para tranquilizarlo y regular el ritmo de su corazón. Tal vez la prensa, y no Kraus, tenía razón. Tras todas las disputas, había llegado el momento de mostrar respeto.