[Durante los días inmediatamente anteriores al centenario de la muerte de Gustav Mahler, este blog va a rendirle homenaje de diversas maneras. Entre otras, recorriendo sus últimos días de vida en la traducción de los excelentes posts de Entartete Musik. Muchísimas gracias a Gavin Plumley por su preciso y emocionante relato]
13 de mayo

A Mahler lo ingresaron en la planta baja del Sanatorio Löw en una habitación con vistas al jardín del patio. Alma se instaló en una suite adjunta. El paciente alternó largas noches de fiebre alta y momentos de aparente mejoría. Mahler estaba contento de haber regresado a Viena y, durante la mañana del 13 de mayo, su estado pareció estabilizarse. El sanatorio se llenó de las flores de quienes le deseaban una pronta recuperación, mientras la prensa intensificaba su interés en el “rey moribundo” de Viena.
Gucki llegó con su abuela en el Orient Express. Al verla llegar al sanatorio Mahler rompió a llorar. Estos excesos emocionales debilitaron aún más su errático corazón. Los médicos utilizaban cafeína para estimular un órgano que había empezado ya a fallar y digitales para regular su ritmo. Después de que Chvostek le prohibiera comer, la dieta de Mahler se vio reducida a unas pocas cucharadas de caviar.
12 de mayo

La mañana del 12 de mayo de 1911, el Orient Express llegó a Munich. Había sido una noche agotadora para los cuatro pasajeros. Alma, Chvostek y Carl Moll se habían turnado en el ciudado de Mahler. Alma empezaba a estar cada vez más preocupada por la situación de su marido y comenzaba a ser consciente, por las indicaciones del doctor y por observación porpia, de que el final se acercaba.
A lo largo del viaje hacia Viena, la comitiva estuvo rodeada de periodistas y, cuando llegaron a la ciudad al final del día, la estación rebosaba de curiosos. El vagón de Mahler fue separado del tren y llevado aparte a un lugar donde el paciente fue trasladado a una ambulancia privada. El compositor, del que la sociedad vienesa se había burlado y al que había atacado durante el periodo en que dirigiera la Hofoper, regresaba ahora a la ciudad, en palabras de Alma, como un “rey moribundo”. De la estación abarrotada Mahler fue llevado hasta el Sanatorio Löw, en la Mariannengasse, en el distrito 9 de Alsergrund. Aquélla sería su última residencia.
11 de mayo

Mahler había abandonado Nueva York el 8 de abril de 1911 en el SS Amerika. La endocarditis bacteriana que infectaba su, de por sí, débil corazón le había hecho decidirse a dejar la ciudad. El barco atracó en Cherburgo un Domingo de Pascua 16 de abril y, desde allí, los Mahler se dirigieron en tren a París. En la ciudad, Mahler pareció recuperarse inmediatamente de la terrible fiebre que había padecido durante la travesía atlántica, pero se trataba sólo de un engaño producido por la propia enfermedad.
El 21 de abril Mahler fue internado en el hospital del Dr. Defaut en Neuilly, donde permaneció hasta el 11 de mayo. Durante ese periodo el Neue Freie Presse comenzó a publicar cartas e información sobre la enfermedad de Mahler con actualizaciónes regulares de su estado. Pero es una carta de Arnold Schoenberg a Alma, fechada el 27 de marzo, la que tal vez resulta más conmivedora:
Lo necesitamos en Viena. Siento como si Viena hubiese dejado de existir. Para mí ha sido siempre tan sólo la ciudad en la que viven determinadas personas. Pero si Mahler no está en Viena, la ciudad apenas existe.
El 11 de mayo, tras una serie de inyecciones de morfina, la respiración de Mahler comenzó a fallar y se decidió que el paciente debería salir hacia Viena. Esa tarde, Mahler, su médico, el doctor Franz Chvostek, Alma y su padrastro Carl Moll salieron hacia Viena desde la Gare de l’Est. La madre de Alma y Gucki, la hija viva del matrimonio, salieron al día siguiente.