Hugo Romero
Los Cuartetos de Jefferson Friedman

La principal utilidad de las listas de “lo mejor del año” -las ajenas, claro- es que nos descubren cosas que se nos habían escapado y que están llamadas a formar parte de nuestros listados de favoritos. Me ha pasado hace pocas semanas con el Concierto para Clarinete de Kaija Saariaho y acaba de pasarme de nuevo con los cuartetos de cuerda de Jefferson Friedman, que Jens F. Laurson situaba entre lo mejor de 2011 en el blog Ionarts. No conocía de nada a Friedman, un compositor estadounidense algo más joven que yo, de modo que lo que me atrajo fue la afinidad con el resto de las elecciones de Laurson y dos detalles relativos al disco: el hecho de que haya sido publicado por New Amsterdam Records, una discográfica que explora con gusto y acierto los límites entre la música clásica y el indie, y la presencia en el listado de temas de dos bonus tracks bajo la forma de remezclas del material de Friedman a cargo del duo de música electrónica Matmos, a los que había perdido la pista después de la publicación del excelente The Rose Has Teeth in the Mouth of the Beast en 2006.

El disco recoge, aparte de estas remezclas, el segundo y tercer cuarteto de cuerda de Friedman interpretados por el Chiara String Quartet, comitente, por lo visto, de ambas piezas. Los dos cuartetos muestran una intensidad que Alan Kozinn no dudó en calificar, en su reseña para el New York Times, de “neorromántica”, una intensidad que remite en parte a Bartok y, aún en mayor medida, a Shostakovich.

El segundo cuarteto es una pieza de 1999 publicada hace algunos años en un disco del sello Naxos como complemento de otro cuarteto de John Corigliano, maestro de Friedman. El título de cada uno de los tres movimientos -I - = 120, II - Free = ca.60, and III - ♪ - 180- nos permite temer una obra mucho más vanguardista de lo que en realidad se nos ofrece. Se trata de una obra juvenil marcadamente lírica. A un primer movimiento rítmico, le sigue un movimiento lento absolutamente fascinante y que hace pertinente el calificativo de Kozinn. El tercer cuarteto, compuesto en 2005 tiene también su mejor momento en el segundo movimiento, otro movimiento lento llamado Act. Al parecer, el cuarteto alude a varios episodios de la vida del cuarteto que lo interpreta y este movimiento -una reflexión a partir del Heilige Gedankgesang de Beethoven- refleja en el duo de violín y chelo el compromiso, “en la vida real”, de los solistas que lo interpretan, del mismo modo que la nana del tercer movimiento está dedicada a la hija recién nacida en el momento de la composición de la pieza de la otra violinista del conjunto.

Las remezclas de Matmos constituyen los tejidos densos y oscuros habituales del conjunto electrónico y ofrecen una variación interesante a partir del material original, al mismo tiempo que encajan en la politica artística del sello.

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