Durante este año le he hecho mucho menos caso a la música popular que a la clásica. Y ahora, al visitar las webs con listas de lo mejor de 2011, me encuentro con discos de músicos que conozco -y que a veces incluso me gustan- de los que no tenía ni idea que hubiesen publicado algo y con una enorme cantidad de artistas que ocupan los primeros puestos de todas las clasificaciones de los que no he oído hablar en mi vida. Por eso, esta lista es necesariamente limitada y se ciñe a lo que he escuchado repetidamente durante el año que acaba.

- Gillian Welch, The Harrow and the Harvest. Abrir el disco de una de tus artistas favoritas cuando lleva ocho años de (relativo) silencio es un gesto arriesgado: el temor a la decepción parece más fuerte que la esperanza del reencuentro. Sin embargo, The Harrow and the Harvest se revela desde su primera canción no sólo como ese reencuentro con todo lo que nos gusta de su autora, ni como el habitual “su mejor disco desde…”, sino sencillamente como uno de los mejores puñados de canciones de la historia del folk estadounidense, una de esas obras maestras de absoluta atemporalidad (y con atemporalidad me refiero, sí, a esa sensación de que podrías estar escuchando algo escrito hace décadas, pero sólo a condición de que sea también la certeza de escuchar algo totalmente moderno). Un disco que sé que seguiré escuchando cuando no me acuerde del nombre de la mayoría de los grupos que copan las listas de la prensa especializada.

- PJ Harvey, Let England Shake. El disco favorito de la prensa británica este año es también uno de los míos. Una visión llena de verdadera poesía y de fuerza a la naturaleza bélica del imperio británico en la que PJ Harvey ejerce de Casandra nacional y hace resonar las batallas de Iraq y Afganistán en las cartas de los soldados que murieron en Gallipoli. Un disco absoluto que, a principios del año próximo aparecerá en forma de DVD con los videoclips que Seamus Murphy ha dirigido para cada una de las canciones.


- St. Vincent, Strange Mercy. El tercer disco de Annie clark tiene todas las virtudes de los dos anteriores corregidas y aumentadas. Un disco divertidísimo que explora temas oscuros y que a ratos me ha recordado a los mejores relatos de A. M. Homes y DFW, a las fotografías de Gregory Crewdson y al cine de Paul Thomas Anderson: Cruel, el primer vídeo del disco, da una buena idea de lo que hablo (y, al rededor del 1’25” tiene el minosolo de guitarra más maravilloso y absurdo del año).
Pero, para mi felicidad (y espero que la vuestra), Strange Mercy no es todo lo que Annie Clark ha publicado este año. También están mis siete minutos favoritos de música de todo 2011: Proven Badlands, la pieza que ha compuesto para el delicioso disco de yMusic, Beautiful Mechanical. El álbum, una recopilación de piezas de cámara a caballo entre la composición clásica y la estética indie es necesariamente irregular, pero la presencia de la pieza de Annie Clark basta para elevarlo a esta lista.

- Bon Iver, Bon Iver. El primer disco de Bon Iver era algo tan perfecto -no sólo la música y ni siquiera principalmente la música, sino, sobre todo, la historia o la leyenda que lo acompañaba- que siempre pensé que no habría un segundo. O que si lo había sería absolutamente otra cosa. Algo así tiene que haber pensado Justin Vernon cuando ha titulado su nuevo disco con su nombre artístico, como si fuese una especie de debut. He tardado en econtrarle el punto a un disco que desde la primera vez que lo oí me pareció excelente, pero que no terminaba de encontrar un hueco en mis escuchas. Ha hecho falta que llegaran las mañanas frías de sol débil de invierno para las que parece escrito para descubrir su potencial adictivo.

- Radiohead, King of Limbs. El nuevo disco de Radiohead ha supuesto mi regreso a un grupo que estuvo entre mis favoritos hace más de una década. Desde Amnesiac había dejado de escucharles, no necesariamente porque sus discos fueran peores -aunque tengo la impresión de que lo eran-, sino sobre todo porque yo estaba en otras cosas. (La versión musical del clásico “No eres tú, soy yo”.) En que tuviese de repente ganas de escuchar un nuevo disco de Radiohead tuvo bastante que ver el texto de Alex Ross en su libro Listen to This y un videoclip que recorría con equilibrio admirable la delgada línea entre el ridículo y lo sublime. Al final, The King of Limbs se ha convertido en uno de los discos que más he escuchado este año con su mezcla de dubstep, jazz y pop adecuándose perfectamente al ritmo de mi paso por las ciudades.

- The Roots, Undun. El último de los grandes discos del año. Un nuevo discazo de los Roots guiado por una pulsión narrativa que atrapa tanto como los incisivos arreglos de ?uestlove. Tal vez la incapacidad para engancharme a lo que hace Kanye West más allá de los quince minutos sea un problema mío, pero en mi iPod el disco de hip hop del año es sin duda éste.
Hay algunos discos que he oído bastante en 2011 y que, de haber ido evolucionando mis gustos por otros derroteros, estarían seguro en esta lista. El Kapputt de Destroyer me parece un disco estupendo al que, de algún modo, le falta algo de empaque y le sobra mimetismo impostado. Apocalypse de Bill Callahan y Ashes and Fire de Ryan Adams son los mejores discos de en mucho tiempo de dos de mis cantautores favoritos. Ojalá hubiera estado este año más de humor para su trabajo. No conozco el disco del que ha salido Yonkers, de Tyler, pero ha sido también una de las canciones de 2011.
Estoy empezando a escuchar aún 50 Words for Snow, de Kate Bush. Seguramente si corrijo esta lista en dos semanas tendré que incluirlo entre lo mejor del año.
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