
A punto de terminar el año, proliferan estos días las listas con lo mejor y lo peor de los últimos doce meses. Pronto aparecerá aquí la mía. Y, sin duda, muy alto en ella estarán los dos discos que en 2011 ha publicado el Quatuor Diotima, uno de mis descubrimientos del año. El cuarteto interpreta un repertorio amplio que incluye los grandes clásicos del género y figuras de la música francesa, pero destaca sobre todo por sus versiones de música contemporánea. Sus dos discos para el sello Naïve de este año constituyen dos formidables recitales temáticos en esta línea: uno de ellos se centra en la Segunda Escuela Vienesa y el otro en la música estadounidense del siglo XX. A finales de enero, el conjunto actuará en Madrid interpretando la integral para cuarteto de cuerda de Arnold Schoenberg.

Quatuor Diotima, American Music (Naïve)
En este disco, el cuarteto francés interpreta tres piezas de tres compositores estadounideneses del siglo XX. No resultaría exagerado decir que estos tres cuartetos de cuerda cuentan cierta historia del siglo americano, como sugiere el título del texto de Renaud Machart que acompaña al disco América en tres cuartetos, mucho más adecuado que el genérico y soso American Music de la portada (con una fotografía de Stanley Kubrick criticadísima, por cierto, en los medios especializados y que a mí me gusta).
Different Trains es una pieza de Steve Reich para cuarteto de cuerda y grabación. Su autor cuenta que la obra nació de la memoria de sus viajes en tren de niño de Nueva York a Los Angeles, a causa del divorcio e sus padres y de la custodia compartida (una versión monista del Tú a Boston y yo a California), a la que se superpone la conciencia de que en aquellos años los judíos europeos viajaban en trenes con muy distinto destino. Las células repetitivas características de la obra de Reich se configuran aquí a partir de grabaciones de voz de la niñera de Reich y de supervivientes del Holocausto y muestran una adecuación absoluta a la dinámica del viaje en tren. El Cuarteto Diotima nos ofrece una versión poderosa de la pieza que evita los excesos sentimentales de otras grabaciones anteriores.
El Cuarteto de Cuerda Op. 11 de Samuel Barber está en las antípodas de la composición de Reich. Escrito precisamente en el año del nacimiento del compositor minimalista y corregido seguramente durante los años en que de niño atravesaba en tren el país, es un ejemplo de cómo la música de Barber se aleja del maquinismo de buena parte de la tradición estadounidense y busca una universalidad que pretende conseguir mirando a Europa y, en concreto, a la Viena de cambio de siglo. El cuarteto de Barber nunca ha conseguido pasar a formar parte del repertorio habitual de la pieza y ha caído en cierto semiolvido en parte a causa del éxito brutal de su segundo movimiento, el mahleriano Molto adagio que, en su arreglo para orquesta de cuerdas, se ha convertido en una de las piezas más conocidas de la historia de la música. El propio Barber parece haber sido consciente de cómo el segundo movimiento se comía el resto de la pieza cuando sustituyó el tercer movimiento por una mucho más corta recapitulación del tema del primero de poco más de dos minutos.
Black angels for electric quartet es la tercera pieza del disco, una obra escrita por George Crumb durante la guerra de Vietnam y, en buena medida, como reacción a ella. Combina elementos de hipervanguardia con otros del arte de agit-prop característico de la época y, como los Different Trains de Reich, pero de una forma mucho más exaltada, abandona el cierre que se encuentra en la esencia del cuarteto de cuerda para incorporar toda suerte de elementos que lo amplifican: electrificación de los instrumentos, uso de la voz de los intérpretes, artefactos sónicos y percusivos…