El hombre para el que demasiado nunca fue sufuciente

Ayer murió Ken Russell, responsable para mal o para bien de buena parte de mi imaginario adolescente, y con quien compartía no pocas obsesiones musicales.
El Guardian cubre la noticia con una serie de artículos que incluyen una completa nota necrológica, homenajes de sus colaboradores y amigos, un vídeo en el que críticos del periódico discuten su obra, “The mourning after”, una invitación a celebrar a los genios mientras aún viven, y dos artículos sobre la relación de Russell con la música: uno de John Birdcut y otro de Tom Service.
No todas las biografías musicales que filmó Russell son igual de afortunadas, pero sus documentales sobre Delius y Elgar y su biopic de Mahler son estupendos y fáciles de encontrar.