Hugo Romero

En Turín el 3 de enero de 1889, Friedrich Nietzsche sale del portal de su casa en el número 6, Via Carlo Alberto, tal vez para dar un paseo, tal vez para recoger la correspondencia en la Oficina de Correos. No lejos de él -o, quizá precisamente muy lejos de él- el cochero de un carruaje tiene problemas con un caballo testarudo. A pesar de las órdenes, éste se niega a moverse, por lo que el cochero -Giuseppe, Carlo, Ettore- pierde la paciencia y comienza a azotarlo con la fusta. Nietzsche se acerca y pone fin a la brutal escena agarrándose al cuello del caballo entre sollozos. Un vecino lo lleva a casa, donde, durante meses, yace inmóvil y en silencio en un diván hasta que murmura las obligatorias últimas palabras -“Mutter, Ich bin Dumm”- y sigue viviendo diez años más silencioso y demente, bajo el cuidado de su madre y hermanas. No sabemos lo que sucedió con el caballo.